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POR: Carlos
VOTOS: | VISITAS: 1788 | 06-05-2008 19:34:29

Mi mujer, yo y...

por otro lado, el simple hecho de planteárselo a mi 
mujer suponía que me llevara una buena hostia con seguridad. Traté 
el tema con sumo cuidado y cuando mi mujer y 
yo veíamos películas porno le decía medio en broma lo 
divertido que sería el meter a alguien allí con nosotros. 
No tardaba en decirme que estaba loco y que con 
dos ya éramos suficientes. Nuestra vida sexual era placentera pero 
como tantos otros matrimonios, los años habían hecho que la 
pasión del comienzo decayera y que la monotonía se apoderara 
de nuestras relaciones. Ella lo sabía pero no quería darle 
mayor importancia. De hecho sabía que jamás la engañaría con 
otra persona. Habíamos probado muchas cosas para "despertar" nuestra pasión 
pero no daban el resultado esperado. El caso es que 
un día le conté que una chica me estaba escribiendo 
en relación a mis historias y que me había propuesto 
algo curioso. Le enseñé fotos riéndome de la ocurrencia para 
crear un clima calmado y ella reaccionó bien, con normalidad 
pero dejando claro que jamás se había planteado hacer sexo 
con otra mujer. Pasaron los dias y en una cena 
romántica abordé nuevamente el tema. Le dejé claro mis sentimientos 
hacia ella pero le propuse conocer a la chica sin 
compromiso alguno. Más que nada lo achaqué a la curiosidad 
del momento y que como era muy agradable y divertida 
entendería nuestra postura. Ella se negó en rotundo pero tras 
unas copas terminé convenciéndola.  María era de otra provincia y 
decidió venirse a pasar unos días en la ciudad. Tenía 
contratado un hotel y nada más llegar, nos citamos en 
el restaurante del mismo. Mi mujer estaba muy nerviosa, casi ni 
habló en el coche y yo estaba aún peor. Dejamos pactado 
que la conoceríamos, nos contaría sus experiencias como personas civilizadas, 
nos divertiríamos con unas copas y…. cada uno para "su 
casa".  María estaba esa noche espectacular. Nada más verla me 
temblaron las piernas y mi mujer me echó una mirada 
furtiva como contemplando mis reacciones ante aquella chica de provocativo 
vestido. Llevaba una blusa roja de pequeños tirantes y una 
falda corta del mismo color. Sus pies mostraban unas sandalias 
de tacón y unas uñas perfectamente pintadas de color sangre. 
Llevaba el pelo semilargo, ojos oscuros como en las fotos 
y rostro sereno. El escote era pronunciado y mostraba unos 
pechos emergentes del tamaño justo para ser masajeados por manos 
expertas. Venía mostrando una sonrisa de oreja a oreja y 
comenzó a hablar sin el menor síntoma de nerviosismo. Manejaba 
la situación desde el primer momento a pesar de ser 
algo más joven que nosotros. Tras unos minutos de cierta 
tensión por nuestra parte, la conversación intranscendente dio paso a 
un clima agradable en el que terminamos riendo y contando 
mil y una historias. La copas iban de ronda en 
ronda y terminamos cenando en un restaurante del centro de 
la ciudad donde María nos contó la peculiar relación que 
tenía con su novio. Cada uno podía hacer lo que 
...



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