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POR: Beto
VOTOS: | VISITAS: 1038 | 19-12-2013 16:59:43


TÚ, JUAN Dependiendo de la circunstancia sexual, puedo ser pasivo, activo 
o, como dice un viejo chiste, “en ese orden”, es 
decir, combinando ambos roles, uno primero y el otro después. 
Es cierto que en un trío se pueden tener ambos 
roles al mismo tiempo, pero no me gustan demasiado porque 
se pierde esa intimidad y concentración que sólo se tiene 
cuando los participantes son dos. Por eso prefiero tener encuentros 
con mujeres que manejen aparatos, travestis u otros bisexuales.  Cuando 
se han vivido bastantes experiencias, las situaciones tienden a repetirse 
y, aunque se haga lo posible por variar, los encuentros 
suelen ser similares y hasta rutinarios. Por suerte, de vez 
en cuando, sucede algo fuera de lo común que vale 
la pena recordar. Voy a relatar lo que me ocurrió 
una de esas veces. En esa época, solía buscar parejas entre 
las ofertas que se publicaban en las páginas web y 
cuando encontré un aviso que decía “joven desinhibido, servicio completo”, 
me dije este es uno de los míos y lo 
llamé para acordar un encuentro. Me abrió la puerta un 
joven un poco gordito, sonriente, agradable y vestido informalmente, con 
un pantalón deportivo y una remera suelta. Tenía una manera 
intensa de mirar que me cayó bien de entrada. Me 
hizo pasar, cerró la puerta y luego de darnos un 
beso protocolar en la mejilla, caminó delante mío por un 
pasillo angosto. Mientras me guiaba hacia el interior, sin detenerse, 
me preguntó: –¿Nos conocemos? Me parece que no –sin esperar mi 
respuesta, continuó– Creo te recordaría… seguramente yo tenía otro nombre 
–se detuvo,  me miró de frente y, bajando el 
tono de voz, agregó  –ahora soy Juan. El tono de 
voz grave y la mirada tenían un obvio mensaje erótico 
pero, como suele suceder en un encuentro de este tipo, 
era ambiguo, sin definir aún el rol sexual. Obviamente, Juan 
esperaba que yo sea el que haga la primera propuesta. –Creo 
que no. Pero ahora nos conoceremos… a fondo ¿no te 
parece Juan? –le respondí y agregué en tono de broma–Tu 
Juan, yo Juana –haciendo una referencia a Jane, la de 
Tarzán y, al mismo tiempo, hacerle saber mi preferencia sexual 
en esta oportunidad. Normalmente yo no explicitaba mis inclinaciones anticipadamente, 
esperando entrar en confianza y dejar que todo suceda naturalmente 
pero, en esta ocasión, el chico me resultaba simpático y 
tenía un cierto atractivo varonil que me provocaba desde que 
lo vi. Juan no hizo ningún gesto ni otro comentario 
al respecto, siguió caminando en silencio hasta que llegamos a 
una habitación agradable, con una cama de dos plazas, un 
par de espejos grandes, apenas iluminada, que olía a limpio. 
Señalándome un perchero de pie, lanzó un breve “ponete cómodo”. 
No había terminado de colgar el saco cuando sentí el 
cálido abrazo de Juan que me llegaba sorpresivamente por la 
espalda, indicando que no sólo había recibido mi mensaje, sino 
que estaba asumiendo, aparentemente muy complacido, el rol de macho 
activo. –¿Te ayudo? –me susurró al oído. Sus manos desprendían los 
...



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