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POR: Tulinegro
VOTOS: | VISITAS: 1471 | 21-11-2007 11:40:34

Poker en casa

Al igual que todos los últimos viernes de cada mes, 
un grupo de siete amigos de mi marido se había 
reunido, ahora en nuestra casa, en esa calurosa noche del 
mes de Diciembre para su tradicional partida de poker. Luego de 
preparar para ellos emparedados y bebidas, subí a nuestra alcoba 
donde me desvestí y procedí a cubrir mi cuerpo con 
el sexy conjunto de dormir que mi marido me había 
dado como regalo de Navidad. Este se componía de un 
corto camisón y un minúsculo calzón, ambos de color blanco 
y ambos transparentes. Me contemplé en el gran espejo de 
nuestro dormitorio, y éste devolvió la imagen de mi cuerpo 
moreno, en todo su esplendor, mostrando mis bien formados senos 
con sus obscuros y grandes pezones erectos. El pequeño y 
transparente calzón dejaba ver casi totalmente el resto de mi 
cuerpo. Me recosté encima de nuestra gran cama, dejando para cubrirme 
solo una ligera sábana. Me preparé para conciliar el sueño, cosa 
difícil debido a los gritos y risotadas que subían desde 
la planta baja donde ellos jugaban cartas. Para mi sorpresa 
luego de cerca de una hora, los ruidos cesaron y 
el silencio se adueñó de nuestra casa. Por un momento 
pensé que los amigos de mi marido se habían marchado. 
No podía ser pues no había escuchado el ruido de 
los motores de sus autos. Intrigada bajé silenciosamente a la planta 
baja, la luces del salón donde habitualmente jugaban, estaban apagadas, 
pero se notaba un suave resplandor y se oían ligeros 
murmullos. Suavemente entreabrí la cortina del salón y pude conocer la 
razón de su silencio. Estaban todos sentados frente a la 
pantalla gigante de nuestro televisor, contemplando extasiados como en ella 
una bella rubia desnuda ensartada por delante por un hombre 
negro, era penetrada en su ano por otro, mientras mamaba 
una tercera verga. Debí regresar a mi dormitorio más, embobada por 
lo que veía y, sobre todo por el tamaño de 
las vergas de los negros, permanecí allí por un largo 
rato, con una mano acariciando mis duros pezones y la 
otra restregando mi sexo. Tan absorta estaba masturbándome, que no 
noté que uno de los amigos de mi marido, que 
estaba sentado en un rincón no visible para mi, se 
había levantado, dirigiéndose hacia donde estaba yo y al abrir 
la cortina tropezó conmigo, lanzando una exclamación. Mi marido encendió las 
luces, y yo, vestida solo en mi blanco conjunto de 
dormir, pasé a reemplazar como centro de atracción a la 
película porno que terminaba en esos momentos. La televisión fue apagada, 
mientras yo paralizada, roja de vergüenza y porque no decirlo, 
un tanto caliente, permanecía a la entrada del salón expuesta 
a las lascivas miradas de ocho hombres. Mi marido en 
un vano e inútil afán de distender el tenso ambiente, 
no encontró nada mejor que alabar lo sexy que lucía. 
Lo único que consiguió fue que el resto me mirara 
con mayor detención y me llenara de piropos que hicieron 
que me calentara aún más. Si antes había pensado en huir 
...



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